La Navidad

LA NAVIDAD1

Estamos en la estación del año litúrgico conocido como el Adviento. Con el Adviento se da inicio a un nuevo año litúrgico en la cristiandad. Adviento, viene del latín ADVENTUS, que significa venida, llegada. El sentido del Adviento es avivar la espera del Señor. Ahora bien, hay algo muy importante a considerar durante esta estación. El retorno a Dios: la experiencia de frustración, causada por una sociedad de consumo e individualista produce una sensación de ambigüedad de la vida, lo cual puede suscitar la necesidad de búsqueda de Dios. El Adviento nos ayuda a conocer mejor a Dios y su plan redentor a través de Cristo, que vino al mundo encarnándose: “Entonces la Palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros estaba lleno de fidelidad y de amor inagotable. Y hemos visto su gloria, la gloria del único Hijo del Padre” (Juan 1:14 NTV).  

La celebración de la Navidad no se debe dar de manera repentina, el Adviento nos prepara. Es como una familia que anticipadamente, prepara la celebración de los primeros quince años de su hija. La fiesta de la Navidad no se debe dar en la trivialidad, sino que, con la debida preparación será una fiesta espiritual, en donde la abundancia no se reflejará en los suculentos manjares de la época, sino que se dará en el arrepentimiento, la gratitud, la devoción, y la sencillez. Consideremos las palabras del apóstol Pablo cuando se refiere a Jesús: “Quien no estimo el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que se despojo así mismo tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombre y estando en la condición de hombre se humilló a sí mismo…” (Filipenses 2:6-7 RV).  El nacimiento de Cristo fue, y seguirá siendo, la más maravillosa noticia que hombre alguno pueda recibir. Es así que las antiguas palabras de un ángel a algunos pastores que cuidaban de su rebaño, resuenan hoy con la misma fuerza e intensidad de entonces: “…Os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:10-11).    

El Pastor Les Thompson2 lo describe con las siguientes palabras: “¡Qué espectáculo! Un niño recién nacido, envuelto en pañales, durmiendo en un pesebre ¿Cómo pudiera ser el Hijo de Dios? La grandeza se encuentra en palacios, nunca en un establo. Nunca nació un niño en tan excepcionales condiciones ¡El Mesías prometido, el Rey de reyes prometido, y el Señor de señores, que vino al mundo a salvar a los pecadores! El establo simplemente nos recuerda su gran humillación; la presencia del ángel y el coro angelical nos da a entender que ese bebé era nada menos que el verdadero Hijo de Dios venido del cielo”. Aquel niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre es señal de que Dios ha llegado al hombre en paz, no en el juicio que merece por sus pecados. Por eso, en Navidad se hace necesaria una reflexión en torno al inmenso amor que Dios nos mostró al concedernos el más sublime regalo de amor de todos los tiempos, el nacimiento de Cristo. Disfruta estas fiestas en la unidad familiar, con sencillez de corazón, con abundancia de alegría y en medio de la paz que solo Dios puede conceder a través de la persona de Cristo.  ¡Dios te bendiga!  

Pbro. Joaquín Chalé M.  

1 Resumen de las reflexiones diarias en el Colegio Americano
2 Fue presidente de Ministerios Logoi Internacional.

 

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